
Jodorowsky contaba que en China, hace muchos años, existió un pueblo que estaba a la sombra permanente de un cerro.
Por ese motivo, los niños no se desarrollaban y la mortandad era alta.
Días enteros sin la luz del sol. De repente, un viejito tomó una cuchara y partió al cerro. Los vecinos, al verlo caminar tan decidido le preguntaban “¿Dónde vas, viejito?”, “A mover el cerro”, les contestaba. “Ja, ja, nunca podrás”.
Y el sólo decía: “Alguien tiene que empezar”.




